Dios no se opone a que tengamos posesiones y logros; El es el primero que desea que seamos prosperados en todo, pero nunca separados de sus preceptos.
Vivimos en una época en la que el éxito de una persona se mide según los logros académicos, comerciales, el tamaño de la casa en que viven, el auto que conducen, la marca de ropa que usan y por cualquier otra cantidad de posesiones materiales. Pero todo esto es temporal. El verdadero éxito del cristiano es un caminar obedeciendo los principios bíblicos, a través del cual conocemos y hacemos la voluntad de Dios para llegar a ser la persona que El desea que seamos.
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