Los buenos padres no le dan a su hijo todo lo que necesita. Le enseñan que él es capaz de conseguir lo que quiere.
Los buenos padres no buscan hacer feliz a su hijo. Le enseñan que la felicidad depende de cada uno.
Los buenos padres no le dan oportunidades a su hijo. Le enseñan a buscarlas a crearlas y a aprovecharlas.
Los buenos padres no le dan a su hijo lo mejor para que sea feliz. Le enseñan a disfrutar y a encontrar lo mejor aún en lo más sencillo.
Los buenos padres no le enseñan a su hijo a superar siempre a los demás. Le enseñan a superarse a sí mismo.
Los buenos padres no le enseñan a su hijo a decir todo lo que piensa. Le enseñan que lo que pensamos no es la verdad absoluta y que debemos ser cautelosos al expresar nuestras opiniones teniendo en cuenta los sentimientos de los demás.
Los buenos padres no le resuelven los problemas a su hijo. Le enseñan a asumir responsabilidad y a aprender de sus errores.
Los buenos padres no le enseñan a sus hijos a evitar los fracasos. Le muestran que el fracaso es parte del camino hacia el éxito.
Los buenos padres no convencen a su hijo de su importancia en la sociedad. Le enseñan que sirviendo se volverá importante para ella.
Los buenos padres no le enseñan a su hijo a ser crítico y resentido ante las injusticias. Le enseñan a contribuir en paz y a construir la justicia.
Instruye al niño en su camino Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Proverbios 22:6
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