La madre llegó hasta mi escritorio y su queja era evidente aún antes de hablar. Su rostro desencajado, sus ojos expresando enojo y su voz temblorosa no lo podía ocultar: “ Pastor, no se que hacer con mi hija….ella no quiere ayudar en casa. Le exijo que ayude en la limpieza y no quiere obedecer y cuando lo hace porque la presiono con algún castigo, ella lo hace de mala gana. ¿Qué hago?…lo he probado todo y nada funciona”.