Al teléfono, la voz cálida de un viejo amigo. Sin embargo, hoy suena un tanto melancólico, quizás cansado. Claro, no es fácil ejercer como psicólogo en el sistema carcelario chileno. A diario se deben escuchar y conocer cosas que al resto de los mortales nos harían palidecer.
Me comenta la densa oscuridad con la que debe lidiar en su trabajo. Instalaciones que albergan almas negras como la noche, ojos traspasando odio y furia como brazas ardiendo, dolor, amargura, culpa y remordimientos. Ni hablar de las condiciones infrahumanas de convivencia, si acaso esa palabra tiene algún sentido, en un mundo donde la vida está bajo constante amenaza.
Pensando en esto, no puedo dejar de hacer la comparación con la esclavitud del pecado y la libertad que otorga Cristo. Será para siempre la causa de mi admiración más reverente, saber que Jesús no era una victima de las circunstancias, sino un héroe sacrificando su vida. Y tampoco un héroe histórico nada más, luchando por alguna causa política o ideológica… su sacrificio tenía implicancias eternas.
Comparte este artículo en Facebook