A fuerza de guerras no se logra la paz. Ante la guerra, sé piedra incólume; porque si te lanzas a pelear perderás la paz. La paz legítima resiste las inmundicias, y al final del camino, persiste el bien sobre el mal.
Únete a una guerrilla de paz lanzando palabras de bendición, bombardeando al prójimo con gestos de amor, disparando besos y abrazos por doquier.
Comparte este artículo en Facebook