Recuerdo que a fines del año 1998 realizamos una gran concentración en la plaza de la República, el mítico obelisco de Buenos Aires, donde históricamente, se dieron cita, cien mil jóvenes, según cifras oficiales de la Policía Federal.
Aunque podía ver la palpable gracia y respaldo de Dios, los miles de jóvenes cambiados y desafiados para cambiar la nación, en lo profundo de mi ser, aún esperaba cierto aliento del liderazgo. En realidad, a esa altura, necesitaba el respaldo pastoral para continuar tratando de afectar a mi generación. Si hasta ahora, completamente solo, había logrado tantas victorias, suponía que con un gran apoyo de parte de la comisión pastoral, se lograrían mejores resultados.