¿Y si nos cambian el Formato?

“Don Literario” se levanta temprano. Toma el metro y se dirige al centro de la ciudad, con una idea en mente. Hace rato que quiere comprar varios libros de diversas temáticas cristianas. Su objetivo es sincero… quiere saber más y entender mejor. Al llegar a una gran casa de ediciones queda pasmado: En los estantes no queda un solo libro, la tienda está desolada. Solamente al centro del vacío edificio se ve un modesto escritorio y sobre el, una Biblia y unos cuantos hermanos en Cristo compartiendo animadamente. Al verlo a través de la vitrina uno de ellos le hace señas para que se integre

La señorita “Alabanza”, corre entre medio de las pozas de agua que dejó la lluvia de la tarde. Está por comenzar la reunión y hay que ensayar los detalles finales. Hoy es un día especial porque se enseñará a la congregación 3 hermosas nuevas canciones. Una de ellas dice que “alabaremos al Señor en todo tiempo”. Irrumpe agitada en el salón pidiendo disculpas por la demora, pero… ¿que pasa?. Algo extraño ocurre… no hay instrumentos de ninguna especie, no hay cables ni micrófonos. No se ve por ningún lado amplificadores, mesa de sonido, proyector para las letras. Sólo hay un grupo de personas tan extrañados como ella, hasta que de pronto una voz tímida dice… bueno, están nuestras voces y nuestro corazón, ¿cantemos al Señor..?

Don “Placido Domingo” come rápidamente su tostada mientras los niños se visten con algo de torpeza por el sueño. Su señora en el espejo termina su maquillaje. Discutiendo por el atraso y por el almuerzo que no quedo listo, suben todos hablando al mismo tiempo al auto. En el camino toca nervioso la bocina y en un semáforo pelea con gestos poco amables con el taxista que se le cruzó por el frente.

Al menos, piensa, podrá sentarse en un templo relativamente cómodo y admirar el programa que han preparado para ellos aquel día en la Iglesia. ¿Habrá buena música hoy? ¿vendrá ese hermano que nos recibe tan amable? ¿estará entretenida la intervención?.

Los niños se irán con sus maestros de escuela dominical así que nada lo interrumpirá para evaluar que tan bueno será el mensaje que el Pastor llevará esa mañana.

Al llegar al recinto todos enmudecen. No hay sino un gran terreno donde crecen felices la hierba y los arbustos. Don “Placido Domingo” se rasca la cabeza mientras se pregunta donde fueron a dar tantas toneladas de cemento y ladrillos. De pronto en una esquina, bajo un arbolito, 4 o 5 personas sentadas en unos improvisados asientos de tronco, dan inicio a la reunión…

¿Que nos pasaría si nos cambian el formato?
Repito: ¿que NOS pasaría? (obviamente, me estoy incluyendo).
¿Será que nos acostumbramos tanto al formato, que olvidamos el fundamento?
¿Es posible que nos hayamos acostumbrado tanto a un programa y a una serie de actividades, en un lugar determinado, bajo un esquema determinado, que hayamos perdido el sentido de por qué lo hacemos?
¿Nos interesaría seguir siendo parte de aquello, cuando se retira la ornamentación y la escenografía?

Son preguntas que quisiera saber contestar… quizás soy demasiado pretencioso, pero vienen a mi corazón.
Si nada de lo que constituye el hacer cristiano actual existiera y el Maestro me preguntara como a Pedro ¿me amas…? ¿Estaría yo listo para responder?

Original de Regresando a Casa



Acerca del Autor

Juan Manuel Lemus es el creador del proyecto Twiek y de otros proyectos através de la Red. Actualmente trabaja en el campo de desarrollo y diseño de sitios de Internet, y sirve en su congregación como Maestro de Escuela Dominical.


Deja un comentario

Puedes utilizar las etiquetas : <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>