Durante el invierno, viendo un árbol despojado de su follaje, y considerando que dentro de poco tiempo volverían a brotar sus hojas, y después aparecerían las flores y los frutos, el Hermano Lorenzo recibió una visión de la Providencia y el Poder de Dios que nunca se borró de su alma. Esta visión lo liberó totalmente del mundo, y encendió en él un gran amor a Dios.
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