Lectura: Salmo 14:1
Hay que ser valiente y tomar fuerzas del espíritu para decir: “Jesús”. En una ocasión había un profesor de filosofía quién era un ateo comprometido. Su meta primaria en la clase era gastar un semestre entero intentando probar que Dios no existe. Sus estudiantes siempre estaban asustados y no se atrevían a argumentar a causa de su lógica impecable. Por veinte años él había enseñado esta clase y nadie había tenido el coraje de enfrentársele.
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