Hoy es un día triste. Las cosas no han sucedido como esperaba… y hay cosas que esperaba, que no han sucedido.
Mientras me las arreglo con la pena, recuerdo que hace poco en la “cuneta” me compre unos guantes de cuero, nada espectacular ya que eran a un bajo precio… mala cosa, ya se están descosiendo. Con el uso note que además, no todos mis dedos calzaban perfecto. De ahí que pensaba: ¡que agradable sería tener unos hechos exactamente a la medida de mi mano!
Retornando a este día triste, reflexiono: Dios jamás se conforma a mi medida. Ni siquiera a la medida de mi tristeza. El tiene su propia medida… lo cual es casi una paradoja decirlo, pues ¿quien podría ponerle medida al Señor?
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