Lectura: Santiago 3:13-18
Escuché los gritos mucho antes de poder ver de quién provenían, pero al avanzar con mi carrito de compras y dar la vuelta al siguiente pasillo del supermercado, ¡allí estaba él!
Con lágrimas de ira brotándole de los ojitos entrecerrados, el pequeñín gritaba: «¡Dame!». Su mamá me miró por un momento. No voy a discutir si hizo lo correcto o no, pero, avergonzada y exhausta, tomó la baratija y la echó en su carrito.
Comparte este artículo en Facebook