Lectura: Daniel 6:4-9
Te haz preguntado por que casi siempre que somos fieles a Dios, hay gente que tiene envidia de nosotros. Esto paso a Daniel. Cuando Darío decretó que hiba a constituir sátrapas para administrar el reino, seleccionó a tres gobernantes sobre, entre ellos a Daniel. El rey Darío víó en Daniel una cualidad especial y es muy probable que lo haya constituido como el principal de los gobernantes. Esto causó entre los demás dirigentes roces y envidias para con Daniel.
Así que ellos armaron un plan para asesinar a Daniel. Cuando respetamos las ordenanzas de Dios, no hay forma en que otras personas puedan acusarnos de ningún mal acto, por que todo lo que hacemos está guiado por el poder del Espíritu Santo quien nos guía a hacer siempre lo correcto.
Él enemigo de nuestras almas siempre tratará de encontrar algo con que condenarnos. Recordemos que él es el acusador y aunque andemos en la santidad de hechos; nos pondrá trampas y ocasiones para no obedecer a Dios.
Y así fué como, estos dirigentes que envidiaban a Daniel, tramaron contra él. Lo interesante es que no lo acusaron de nada indebido, sino que conforme a la ley del Dios de Daniel. Debemos recordar que el imperio Medo Persa no conocía del Dios de Israel, pues ellos tenían otra religión (posiblemente el zoroastrismo) y muchos gobernantes, se hacían tratar como dioses ante el pueblo y su reino, a lo que Darío no escapó.
En Daniel 6:6-7 se menciona que se propuso al rey una ley para evitar que cualquiera en el reino rindiera gloria a su dios. Ahora que recuerdo, durante la historia han ocurrido muchos eventos en los que gobernantes han impedido que se adore a Dios. Filosofías como el Comunismo que tratan de erradicar cualquier expresión religiosa o el mismo evolucionismo que trata de sacar del contexto de la vida a un Dios creador, degradando al mismo hombre (imágen de Dios) y tratándolo como un simple ser natural. Esto pasa, por que el Diablo no quiere que nosotros tengamos una relación con Dios, quiere que nos alejemos de su presencia; que perdamos la esperanza que da el confiar en Dios, un Dios de amor que se preocupa por sus hijos.
Al final, Darío (que estimaba en gran manera a Daniel) cayó en la intriga de sus mismos asesores y aceptó el firmar el edicto, seducido por la idea de ser adorado como un dios. Habrá ocasiones en que nuestros cercanos nos tiendan una trampa, ya sea para que nosotros mismos caigamos en un engaño, o para dañar a alguien más. ¿Cómo identificarlos?, sabemos que todo aquello que está en contra de lo que Dios dice en su palabra no es de él.
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