Lectura: Mateo 6:31-32
El problema de la preocupación es que comenzamos a decir: ¿Qué vamos a comer? ¿Qué vamos a beber? ¿Qué vamos a vestir? En otras palabras, ¿qué vamos a hacer si Dios no actúa a favor de nosotros?
En lugar de calmar nuestros temores y abandonar nuestras preocupaciones, comenzamos a impacientarnos e inquietarnos con las palabras que salen de nuestra boca, lo cual las hace arraigar aún más profundamente.
Comparte este artículo en Facebook