Hace muchos años, un hombre rico fue a cazar patos con un empleado llamado Sam.
Llevaron consigo un caballo y un carruaje, y por el camino se le salió un aro a una de las ruedas. Mientras Sam lo martillaba para ponerlo de nuevo en su lugar, accidentalmente se golpeó un dedo. De inmediato pronunció algunas malas palabras. Rápidamente se puso de rodillas y pidió perdón a Dios. Oró diciendo: ” Señor, ¡es tan difícil a veces vivir la vida cristiana! “.